domingo, 25 de diciembre de 2011

Una de mujeres para distraernos 3- Mujeres de Ojos grandes

Llega el final , casi sin final... Las abuelas siempre saben...


-Desde que por poco te matas al bajar del níspero- dijo Sergio
-Ustedes eran buenos para cortar nísperos, ahora no encuentro quién.
-Nosotros seguimos siendo buenos- dijo la tía Leonor, inclinando su perfecta cintura.
Salieron del cuarto azul a punto de quitarse la ropa, bajaron al jardín como si los jalara un hechizo y volvieron tres horas después con la paz en el cuerpo y tres ramas de nísperos.
_Hemos perdido práctica- dijo la tía Leonor.
-Recupérala, recupérala, porque hay menos tiempo que vida-contestó la abuela con los huesos de níspero llenándole la boca.


FIN

jueves, 22 de diciembre de 2011

Una de mujeres para distraernos 3-Mujeres de ojos grandes

A los veintisiete años, recién llegado de España, donde se decía que aprendió las mejores técnicas para el cultivo de la aceitunas, el primo Sergio era heredero de un rancho en Veracruz, de otro en San Martín y de otro más cerca de Atzálan.
La tía Leonor notó el desconcierto en sus ojos, en la lengua con que se mojó el labio, y luego lo escuchó responder:
-Todo fuera como subirse otra vez al árbol.
La casa de la abuela quedaba en la 11 Sur, era enrome y llena de recovecos. Tenía un sótano con cinco puertas en que el abuelo pasó horas haciendo experimentos que a veces le tiznaban la cara y lo hacían olvidarse por un rato de los cuartos de abajo y llenarse de amigos con los que jugar billar en el salón construido en la azotea.
La casa de la abuela tenía un desayunador que daba al jardín y al fresno, una cancha para jugar frontón que ellos usaron siempre para andar en patines, una sala color de rosa con un piano de cola y una exhausta marina nocturna, una recámara para el abuelo otra para la abuela, y en los cuartos que fueron de los hijos varias salas de estar que iban llamándose como el color de sus paredes.La abuela, memoriosa y paralítica, se acomodó a pintar en el cuarto azul. Ahí la encontraron haciendo rayitas con un lápiz en los sobres de viejas invitaciones de boda que siempre le gustó guardar. Les ofreció un vino dulce, luego un queso fresco y después unos chocolates rancios. Todo estaba igual en casa de la abuela. Lo único raro lo notó la viejita después de un rato:
-A uds dos hace años que no los veía juntos.
-Desde que me dijiste que si los primos se casaban tienen hijos idiotas. contestó la tía Leonor.
La abuela sonrió, empinada sobre el papel en el que delineaba una flor interminable, pétalos y pétalos encimados sin tregua.
.......

Continuará

jueves, 15 de diciembre de 2011

Una de mujeres para distraernos 2- Mujeres de ojos grandes

Sigamos a ver que le paso a la Tia Leonor...

"
Los domingos iba al mercado en lo que se volvió un rito solitario y feliz.Primero lo recorría con la mirada, sin querer ver exactamente de cuál fruta salía cuál olor, mezclando los puestos de jitomate con los de limones. Caminaba sin detenerse hasta llegar donde una mujer inmensa, con cien años en la cara, iba moldeando unas gordas azules. Del comal recogía Leonorcita su gorda de requesón, le ponía con cautela un poco de salsa roja y la mordía despacio mientras hacía las compras.
Los nísperos son unas frutas pequeñas, de cáscara como terciopelo, intensamente amarilla. Unos agrios y otros dulces.Crecen revueltos en las mismas ramas de un árbol de hojas largas y oscuras. Muchas tardes, cuando era niña con trenzas y piernas de gato, la tía Leonor trepó al níspero de casa de sus abuelos. Ahí se sentaba a comer de prisa. Tres agrios, uno dulce, siete agrios, dos dulces, hasta que la búsqueda y la mezcla de sabores eran un juego delicioso.Estaba prohibido que las niñas subieran al árbol, pero Sergio, su primo, era un niño de ojos precoces, labios delgados y voz decidida que la inducia a inauditas y secretas aventuras. Subir al árbol era una de las fáciles.
Vio los nísperos en el mercado, y los encontró extraños, lejos del árbol pero sin dejarlo del todo, porque los nísperos se cortan con las ramas más delgadas todavía llenas de hojas.
Volvió a la casa con ellos, se los enseñó a sus hijos y los sentó a comer, mientras ella contaba cómo eran fuertes las piernas de su abuelo y respingada la nariz de su abuela. Al poco rato, tenía en la boca un montón de huesos lúbricos y cáscaras aterciopeladas. Entonces, de golpe, le volvieron los diez años, las manos ávidas, el olvidado deseo de Sergio subido en el árbol, guiñandole un ojo.
Sólo hasta ese momento se dio cuenta de que algo le habían arrancado el día que le dijeron que los primos no pueden casarse entre sí, porque los castiga Dios con hijos que parecen borrachos. Ya no había podido volver a los días de antes. Las tardes de su felicidad estuvieron amortiguadas en adelante por esa nostalgia repentina, inconfesable.
Nadie se hubiera atrevido a pedir más; sumar a la redonda tranquilidad que le daban sus hijos echando barcos de papel bajo la lluvia, al cariño sin reticencias de su marido generoso y trabajador, la certidumbre en todo el cuerpo de que el primo que hacia temblar su perfecto ombligo no estaba prohibido, y ella se lo merecía por todas las razones y desde siempre. Nadie, más que la desaforada tía Leonor.
Una tarde lo encontró caminando por la de 5 de Mayo. Ella salía de la iglesia de Santo Domingo con un niño en cada mano. Los había llevado a ofrecer flores como todas las tardes de ese mes: la niña con un vestido largo de encajes y organdí blanco, coronita de paja y enorme velo alborotado. Como una novia de cinco años. El niño, con disfraz de acólito que avergonzaba sus siete años.
-Si no hubieras salido corriendo aquel sábado en casa de los abuelos este par sería mío- dijo Sergio, dándole un beso.
-Vivo con ese arrepentimiento- contestó la tía Leonor.
No esperaba esa respuesta uno de los solteros más codiciados de la ciudad.
.....

Continuará (ah huesos son carozos en mexicano)

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Leer esa sana costumbre o Una de mujeres para distraernos 1

Un amigo fiel es el libro, te acompaña, te hace viajar por el mundo , te enseña otros pensamientos y hasta te distrae en los momentos densos de esta vida, que no son pocos.
Vamos entonces a tratar de distraer nuestra mente un rato de tantas circunstancias difíciles con un cuento.
Un cuento de una de las mejores escritoras latinoamericanas, Angeles Mastreta-mejicana, un cuento de mujeres, escrito por una mujer hablando de ellas y de los hombres.
Aqui va de "Mujeres de ojos grandes", y espero que le guste y entretenga
...

La Tía Leonor

La tía Leonor tenia el ombligo más perfecto que se haya visto. Un pequeño punto hundido justo en la mitad de su vientre planisimo. Tenia una espalda pecosa y unas caderas redondas y firmes, como los jarros en que tomaba agua cuando era niña. Tenia los hombros suavemente alzados, caminaba despacio, como sobre el alambre. Quienes la vieron cuentan que sus piernas largas y doradas, que el vello del pubis era un mechón rojizo y altanero, que fue imposible mirarle la cintura sin desearla entera.
A los diecisiete años se casó con la cabeza y con un hombre que era justo lo que una cabeza elige para cursar la vida. Alberto Palacios, notario riguroso y rico, le llevaba quince años, treinta centímetros y una proporcional dosis de experiencia. Había sido largamente novio de varias mujeres aburridas que terminaron por aburrirse más cuando descubrieron que el proyecto matrimonial del licenciado era a largo plazo.
El destino hizo que tía Leonor entrara una tarde a al notaría, acompañando a su madre en el trámite de una herencia fácil que les resultaba complicadísima, porque el recién fallecido padre de la tía no había dejado que su mujer pensara ni media hora de vida. Todo hacía por ella menos ir al mercado y cocinar. Le contaba las noticias del periódico, le explicaba lo que debía pensar de ellas, le daba un gasto que siempre alcanzaba, no le pedía nunca cuentas y hasta cuando iban al cine le iba contando la película que ambos veían: "Te fijas, Luisita, este muchacho ya se enamoro de la señorita. Mira como se miran ¿ves? Ya la quiere acariciar, ya la acaricia. Ahora le va a pedir matrimonio y al rato seguro la va a estar abandonando".
Total que la pobre tía Luisita encontraba complicadísima y no solo penosa la repentina pérdida del hombre ejemplar que fue siempre el papá de la tía Leonor.
Con esa pena y esa complicación entraron a la notaría en busca de ayuda. La encontraron tan solicita y eficaz que la tía Leonor, todavía de luto se casó en año y medio con el notario Palacios.
Nunca fue tan fácil la vida como entonces. En el único trance difícil ella había seguido el consejo de su madre: cerrar los ojos y decir un avemaría. En realidad, varios avemarías, porque a veces su inmoderado marido podía tardar diez misterios del rosario en llegar a la serie de quejas y soplidos con que culminaba el circo que sin remedio iniciaba cuando por alguna razón, prevista o no, ponía la mano en la breve y suave cintura de Leonor.
Nada de todo lo que las mujeres debían desear antes de los veinticinco años le faltó a tía Leonor: sombreros, gasas, zapatos franceses, vajilla alemana, anillo de brillantes, collar de perlas desparejas, aretes de coral, de turquesas, de filigranas. Todo, desde los calzones que bordaban las monjas trinitarias hasta una diadema como la de la princesa Margarita. Tuvo cuanto se le ocurrió, incluso la devoción de su marido que poco a poco empezó a darse cuenta de que la vida sin esa preciosa mujer seria intolerable.
Del circo cariñoso que el notario montaba por lo menos tres veces por semana, llegaron a la panza de tía Leonor primero una niña y luego dos niños.
De modo tan extraño como sucede sólo en las películas, el cuerpo de la tía Leonor se infló y desinfló las tres veces sin perjuicio aparente.El notario hubiera querido levantar un acata dando fe de tal maravilla pero se limitó a disfrutarla, ayudado por la diligencia cortés y apacible que los años y la curiosidad le habían regalado a su mujer. El circo mejoro tanto que ella dejo de tolerarlo con el rosario entre las manos y hasta llegó a agradecerlo, durmiéndose después con una sonrisa que le duraba todo el día.
No podía ser mejor la vida en esa familia. La gente hablaba siempre bien de ellos, eran una pareja modelo. Las mujeres no encontraban mejor ejemplo de bondad y compañía que la ofrecida por el licenciado Palacios a la dichosa Leonor, y cuando estaban más enojados los hombres evocaban la pacífica sonrisa de la señora Palacios mientras sus mujeres hilvanaban una letanía de lamentos.
Quizá todo hubiera seguido por el mismo camino si a la tía Leonor no se le ocurre comprar nísperos un domingo.
......

Continuará

martes, 29 de noviembre de 2011

Los esfuerzos o De hernias y otras yerbas

Nacemos con esfuerzo, crecemos con esfuerzo, todo lo que conseguimos llevo un esfuerzo para eso.
A veces son esfuerzos intelectuales, emocionales, físicos o de todo un poco, mezcladito y surtidito.
Para que no nos olvidemos de nada en el momento de conseguir lo deseado.
Lo que fuera, concientes o no.
Por trabajos o por diversión, pero allí esta : el esfuerzo.
Pueden dar stress, problemas cardiacos, alergias, nódulos o hasta hernias.
Y que nos dicen:" Esfuerzate y lo conseguirás". Conseguirás casi todo lo que desees, dicen, no?Casi todo...
A veces aparecen y no se van... a las hernias me refiero, no se van así como así.
Se van sólo con cirugía.
Pero es una cirugía menor, casi una excusa para descansar. Si, descansar de tanto esfuerzo.
Si fue por diversión, por deporte, bien ganada esta la hernia. Y si se gano un campeonato , todavía mejor ganada.
No nos preocupemos por la cura, saldremos airosos de ella.
Lo único que me apena es que no podremos recibir todas las visitas deseadas. No, no podremos.. tenemos que estar tranquilos.. No podemos hacer ESFUERZOS!!!


domingo, 27 de noviembre de 2011

"Sabia que no estaba equivocado"

Eso le dijo a ella. "Sabía que no estaba equivocado" y ese amor le sono a certeza y alegría en este mundo de tantas incertezas. Maravilloso!!
Pero él tambíen tenía otras certezas, ya arraigadas, que venian de lejos y estaban presentes.
Esas certezas que son para siempre. Aunque esa palabra sea relativa, a veces se cumple.
En las nubes del sueño nocturno, ella siente con fuerza una canción de Serrat.
"Vuela esta canción para ti, Lucía
la s bella historia que tuve y tendré"
....
"Tus recuerdos son cada día más dulces
el olvido sólo se llevó la mitad
y tu sombra aún se acuesta en mi cama
en la oscuridad..."

Ella se siente Lucía...

jueves, 24 de noviembre de 2011

Historias que me cuento- 9-Final

Ella quizá no, Dilia quizá no sabía porque pero yo sí, había tenido que beber el coñac de un sorbo y servirme de nuevo mientras Alfonso alzaba las cejas, sorprendido por una brusquedad que no me conocía. Sus bromas en cambio eran más que previsibles, decirle a Dilia que se decidiera alguna vez a terminar el cuento, conocía de sobra la primera parte pero seguro que había tenido una segunda, era tan de cajón, tan de camión en la noche, tan de todo lo que es tan en esta vida.
Me fui al baño y me quedé un rato tratando de no mirarme en el espejo de no encontrar también allí y horriblemente eso que yo había sido mientras me contaba la historia y que sentía ahora de nuevo pero aquí, ahora esta noche, eso que empezaba lentamente a ganar mi cuerpo, eso que jamás hubiera imaginado ´posible a lo largo de tantos años de Dilia y ALfonso, de nuestra doble pareja amiga de fiestas y cines y besos en las mejillas. Ahora era lo otro, era Dilia después, de nuevo el deseo pero de este lado, la voz de Dilia llegándome desde el salón, las risas de Dilia y de Niágara que debían estar tomándole el pelo a Alfonso por sus celos estereotipados. Ya era tarde, bebimos todavía coñac y nos hicimos un último café, desde arriba llegó el llanto del bebé y Dilia subió corriendo, lo trajo en brazos, se ha mojado todo el cochino, lo voy a cambiar en el baño., Alfonso encantado porque eso le daba media hora más para discutir con Niágara de las posibilidades de Vilas frente a Borg, otro coñac, piba, total ya estamos todos bien curados.
Yo no, me fui al baño para acompañarla a Dilia que había puesto a su hijo sobre la mesita y buscaba cosas en el placard. Y era como si de algún modo ella supiera parte, cuando le dije ya sé , conozco la segunda parte, ya sé que no pude ser pero ya ves, la conozco, y Dilia me volvió la espalda para empezar a desvestir al bebé y la vi inclinarse no solamente para soltarle los alfileres de gancho y quitarle el pañal sino como si de golpe la agobiara un peso del que tenía que librarse, del que ya estaba librándose cuando se volvió mirándome en los ojos y me dijo sí, es cierto, es idiota y no tiene ninguna importancia pero es cierto, me acosté con el camionero, decíselo a Alfonso si querés, de todas maneras él está convencido a su manera, no lo cree pero está tan seguro. Era así, ni yo diría nada ni ella comprenderia por qué me estaba diciendo eso, por qué a mí que no le había preguntado nada y en cambio le había dicho eso que ella no podría comprender de este lado de la historia. Sentí mis ojos como dedos bajando por su boca, su cuello, buscando los senos que la blusa negra dibujaba como mis manos los había dibujado toda esa noche, toda esa historia. El deseo era un salto agazapado, un absoluto derecho a acercarme a buscarle los senos bajo la blusa y envolverla en el primer abrazo. La vi girar, inclinarse otra vez pero ahora estaba liviana, liberada del silencio, ágilmente retiró los pañales, el olor de bebé que se ha hecho pis y caca me llegó junto con los murmullos de Dilia calmándolo para que no llorara, vi sus manos que buscaban el algodón y lo metían entre las piernas levantadas del bebé, vi sus manos limpiando al bebé en vez de venir a mí como había venido en la oscuridad de ese camión que tantas veces me ha servido en las historias que me cuento.

FIN

martes, 22 de noviembre de 2011

Historias que me cuento 8

" Dilia, él, la noche , la carretera alejada...."


En esos días supimos por Alfonso que la madre de Dilia estaba muy enferma y que Dilia viajaba a Necochea para acompañarla, Alfonso tenía que ocuparse del bebé que le daba mucho trabajo, a ver si los visitábamos cuando volviera Dilia. La enferma murió unos días después y Dilia no quiso ver a nadie hasta dos meses más tarde; fuimos a cenar llevándoles coñac y un sonajero ara el bebé y todo ya estaba bien, Dilia al término de un pato a la naranja y Alfonso con la mesa preparada para jugar canasta. La cena resbaló amablemente como debía ser porque Alfonso y Dilia son gente que sabe vivir y empezaron por hablar de lo más penoso, agotar rápido el tema de la madre de Dilia, después fue como tender suavemente un telón para volver al presente inmediato, nuestros juegos de siempre, las claves y los códigos del humor con los que se hacía tan agradable pasar la noche. Ya era tarde y coñac cuando Dilia aludió a un viaje a San Juan, la necesidad de olvidar los últimos días de su madre y los problemas con esos parientes que todo lo complican. Me pareció que hablaba para Alfonso, aunque Alfonso ya debía conocer la anécdota porque sonreía amablemente mientras nos servía otro coñac, el desperfecto del auto en plena sierra, la noche vacía y una interminable espera en la ruta en la que cada pájaro nocturno era una amenaza, retorno inevitable de tanto fantasma de infancia, luces de un camión, el miedo de que también el camionero tuviese miedo y pasara de largo, el enceguecimiento de los faros clavándola contra el acantilado, entonces el maravilloso chirrido de los frenos la cabina tibia, el descenso entre diálogos apenas necesarios pero que ayudaban tanto a sentirse mejor.
-se ha quedado traumatizada- dijo Alfonso- ya me lo contaste, querida, cada vez conozco más detalles de ese rescate, de tu San Jorge de overol salvándote del malvado dragón de la noche.
-No es fácil olvidarlo-dijo Dilia-, es algo que vuelve y vuelve, no sé por qué.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Historias que me cuento -7

" Sigamos....."

Esa vez la historia duró interminablemente porque ni Dilia ni yo queríamos que terminara, hay historias que yo quisiera prolongar pero la chica japonesa o la fría condescendiente turista noruega no la dejan seguir, y a pesar de que soy yo quien decide en la historia llega un momento en que ya no tengo fuerzas y ni si quiera ganas de hacer durar algo que después empieza a resbalar a la insignificancia, ahí donde habría que inventar alternativas o inesperados incidentes para que la historia siguiera viva en vez de irme llevando al sueño con un ultimo beso distraído o un resto de llanto casi inútil.Pero Dilia no quería que la historia terminara, desde su primer gesto cuando resbalé junto a ella y en vez de lo esperable la sentí buscándome, desde la primera doble caricia supe que la historia no habrá hecho más que empezar, que la noche de la historia sería tan larga como la noche en la que yo estaba contando la historia. Solamente que ahora no queda más que esto, palabras hablando de la historia; palabras como fósforos, gemidos, cigarrillos, risas, súplicas y demandas, café al amanecer y un sueño de aguas pesadas, de relentes y retornos y abandonos, con una primera lengua tímida de sol viniendo desde la mirilla a lamer la espalda de Dilia tirada sobre mí, a cegarme mientras la apretaba para sentirla abrirse una vez más entre gritos y caricias.
La historia termina ahí, sin despedidas convencionales en el primer pueblo de la ruta como hubiera sido casi inevitable, de la historia pasé al sueño sin otra cosa que el peso del cuerpo de Dilia durmiéndose a su vez sobre mí después de un último murmullo, cuando desperté Niágara me hablaba de desayuno y de un compromiso que teníamos por la tarde. Sé que estuve a punto de contarle y que algo me tiró hacia atrás, algo que acaso era todavía la mano de Dilia volviéndome a la noche y prohibiéndome palabras que todo lo hubiera manchado. Sí, había dormido muy bien; claro, a las seis nos encontraríamos en la esquina de la plaza para ir a ver a los Marini.

"Falta poco para su final, sin final, como los de Cortázar..."

sábado, 12 de noviembre de 2011

La universidad o Teoria de la Decisión

Materia interesante, hasta el nombre es interesante. Decidir: difícil no?,pero en esta materia es decidir sobre negocios, con herramientas de medición matemáticas, estadísticas, mucha lógica.
Pero la verdad es que decidimos todo el tiempo y no nos damos cuenta. El tema es cuando realmente nos damos cuenta que necesitamos decidir, y en general ahí decidimos sobre cuestiones menos matemáticas, menos medibles, mas aleatorias.
Ahí se presenta el problema, decidimos sin muchos elementos ni resultados evaluados.
En verdad el resultado se verá tiempo después. Y hay que tener coraje pues en algunos casos esa decisión , es como un salto al vacío.
Y volviendo a la facultad siempre recuerdo esta frase de mi profesor (un genio con todas las letras)
"Si no sabe que hacer, no haga nada, pues esa ya es una decisión"
Razonable mi profesor, que el curso de la vida haga por vos.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Historias que me cuento-6

Volvemos , espero que no nos hayamos olvidado de la historia...


Todavía me pregunté por qué Dilia esa noche pero casi en seguida dejé de preguntármelo, ahora me parecía tan natural que Dilia estuviera allí entre dormida a mi lado, aceptando de vez en cuando un nuevo cigarillo o murmurando una explicación de por qué ahí en plena montaña, que la historia embrollaba hábilmente entre bostezos y frases rotas puesto que nada hubiera podido explicar que Dilia estuviera ahí en lo más perdido de esa ruta a medianoche. En algún momento dejó de hablar y me miró sonriendo, esa sonrisa de muchacha que Alfonso calificaba de compradora, y yo le di mi nombre de camionero, siempre Oscar en cualquiera de las historias, y ella dijo Dilia y agregué´como agregaba siempre que era un nombre idiota por culpa de una tía lectora de novelas rosa, y casi increíblemente pensé que no me reconocía, que en la historia yo era Oscar y que ella no me reconocía.
Después es todo eso que las hsitorias me cuentan pero que yo no puedo contar como ellas, solamente fragmentos inciertos, hilaciones acaso falsas, el farol alumbrado la mesita plegadiza en el fondo del camión estacionado entre los árboles de un refugio, el chirrido de los huevos fritos, después del queso y el dulce Dilia mirándome como si fuera da decir algo y decidiendo que no diría nada, que no era necesario explicar nada para bajarse del camión y desaparecer bajo los árboles, yo facilitándole las cosas con el café ya casi listo y hasta una tacita de grapa, los ojos de Dilia que se iban cerrando entre trago y frese, mi descuidada manera de llevar la lámpara hasta el taburete al lado del colchón, agregar una cobija por si más tarde el frío, decirle que me iba adelante a cerrar bien las portezuelas por las dudas, nunca se sabía en esos tramos desiertos y ella bajando los ojos y diciendo sabes, no te vayas a quedar allí, a dormir en los asientos, sería idiota, y yo dándole la espalda para que no me viera la cara donde a lo mejor había un vago asombro por lo que estaba diciendo Dilia aunque desde luego siempre sucedía así de una u otra manera, a veces la indiecita hablaba de dormir en el suelo o la gitana se refugiaba en la cabina y había que tomarla por la cintura y derivarla hacia adentro, llevarla a la cama aunque llorara o debatiera, pero Dilia no, Dilia lentamente yendo de la mesa hacia la cama con una mano buscando ya el cierre de los jeans, esos gestos que yo podía ver en la historia aunque estuviera de espaldas y entrando en la cabina para darle tiempo, para decidirme a que sí, que todo sería como tenía que ser una vez más, una secuencia ininterrumpida y perfumada, el lentisimo traveling desde la silueta inmóvil bajo los faros en el viraje de la montaña hasta Dilia ahora casi invisible bajo las cobijas de lana, y entonces el corte de siempre, apagar la lámpara para que solamente quedara la vaga ceniza de la noche entrando por la mirilla trasera con una que potra queja de pájaro cercano.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Recreo de Lectura o Un momento de fama sutil

La Fama es puro cuento, si...si... puro purito..pero a veces es tan lindo tenerla por unos minutos.
Sentir esa chispa de alegría que te borra lo gris del día a día. Es como aquel jugador mediocre, que en medio de un patético partido, en el que perdía su equipo, mete un gol. El único gol, ni del empate, ni del triunfo, un gol del descuento, que sólo marca una mínima diferencia porque perdieron igual.
Pero él metió el gol. Y tuvo su momento de fama. Su brillo, su chispa de alegría.
Y si, describir ese proceso comercial administrativo contable, que nadie entiende bien, que nadie sabe como explicarlo, describirlo con lujos y detalles y encima con palabras técnicamente correctas y hasta bonitas, frente a un grupo de auditores que son como jueces del partido, eso es meter un gol.
Y sentirte feliz de haberlo metido, fuiste el jugador con ese minuto de fama, ese minuto que al pasar el tiempo, todos olvidarán, pero vos recordaras con una sonrisa entre los labios.
Aún siendo puro cuento, la fama, que linda no?

miércoles, 19 de octubre de 2011

Momentos que te indican cambios

Ella se había enamorado.Era una relación difícil y limitada, pero aún sabiéndolo, se había enamorado como hacia mucho no le sucedía.
Sabia que le había sucedido antes, pero hacia tanto tiempo de eso que apenas si lo recordaba y este amor era tan fuerte que parecía opacar todo lo anterior.
Se veían como y cuando podían, y ella se decía que seria muy cruel para todos continuar con esta relación, que era suficiente con que uno sólo sufriera, y no una familia entera. Aceptando su sufrimiento convencida de que era lo mejor para todos.
Pero en el fondo de su corazón tenía la esperanza de que algo diferente sucediera para poder darle la completud de ese amor. Ni solía pensarlo concientemente, pues le parecía egoísta y le generaba cierta culpa.
Mientras tanto se adaptaba y justificaba ese amor, por todos los medios. Pues ella estaba enamorada, muy enamorada.
Pero un día vio el peso de la realidad en un simple gesto. En una sonrisa, aunque parezca mentira. Un día en que él tenía que quebrar la rutina de ambos, acortando los tiempos, para poder mantener sin llamar la atención su propia rutina.
Y la rápida despedida fue con una sonrisa.
Una sonrisa que le decía a ella, mata la esperanza!. Matala!!
No murió el amor, pero si la esperanza de ese amor. Y murió por una sonrisa.

Historias que me cuento -5

"Y ahora seguimos escuchando lo que nos dice la voz del personaje, es de noche, está en la ruta y ella sube al camión..."


Las reglas del juego se cumplen desde el primer momento en las historias que me cuento. Dilia era Dilia pero en la historia yo era un camionero y solamente eso para Dilia, jamás se me hubiera ocurrido preguntarle qué estaba haciendo allí en plena noche o llamarla por su nombre. Pienso que en la historia lo excepcional era que esa muchacha contuviera a la persona de Dilia, su lacio pelo rubio, los ojos claros y sus piernas casi convencionalmente evocando las de un potrillo, demasiado largas para su estatura; fuera de eso la historia la trataba como a cualquier otra, sin nombre ni relación anterior, perfecto encuentro al azar. Cambiamos dos o tres frases, le pasé un cigarrillo y encendí otro, empezamos a bajar la cuesta como tiene que bajarla un camión pesado, mientras Dilia se estiraba todavía más, fumando desde un abandono y un sopor que la lavaban de tantas horas de marcha y acaso miedo en al montaña.
Pensé que iba a dormirse en seguida y que era agradable imaginarla así hasta la planicie allá abajo, pensé que acaso hubiera sido amable invitarla a irse al fondo del camión y tirarse en una verdadera cama, pero jamás en una historia las cosas me habían permitido hacer eso porque cualquiera de las muchachas me hubiera mirado con esa expresión entre amarga y desesperada de la que imagina las intenciones inmediatas y busca casi siempre la manija de la portezuela, la fuga necesaria. Tanto en las historias como en la presumible realidad de cualquier camionero las cosas no podían pasar así, había que hablar, fumar, hacerse amigos, obtener desde todo esto la aceptación casi siempre silenciosa de un alto en un bosque o un refugio, la aquiescencia para lo que vendría luego pero que ya no era amargura ni cólera, simplemente compartir lo que ya se estaba compartiendo desde la charla, los cigarrillos y la primera botella de cerveza bebida del gollete entre dos virajes.
La dejé dormir, entonces, la historia tenía ese desarrollo que siempre me ha gustado en las historias que me cuento, la descripción minuciosa de cada cosa y de cada acto, una película lentísima para un goce que progresivamente va ascendiendo por el cuerpo y las palabras y los silencios.


Continuará... es largo...paciencia...

sábado, 15 de octubre de 2011

Un recreo a la literatura o Madres por calendario

Siempre es lindo recibir una caricia afectuosa, no importa la fecha.
También creo que es lindo generar fechas para dar caricias , llamemoslas caricias orientadas, tener un día que ritualmente acariciemos a los niños, a los animales, a nuestro país, a nuestros abuelos, o padres o novios o enamorados o etc, etc, etc.
Pero la verdad es que a veces se quiere generar una caricia tan, pero tan CAPITALISTA, que lleva a revelarnos internamente con esa situación.
Y también a pensar otras cosas, que nada tienen que ver con el dinero o el regalo para agasajar . Y si, con el sentido de la fecha o de esta fecha.
He recibido muchos mensajes sobre las madres, pues obviamente, la caricia orientada del mes es la caricia a las madres.
Sinceramente creo que una de las cosas más hermosas que me han sucedido es ser madre.
Uno esta creando, casi como un artista, dentro de si a sus hijos, para después intentar criarlos lo mejor posible, para después soltarlos libres a la vida, o a su vida.
Y que pasa con aquellas mujeres que no pueden ser madres? Y con aquellos hijos que ya están sin sus madres? o aquellos que nunca conocieron a sus madres ? o los que han tenido malas madres?Obligados a no acarciar? o acariciar sin ganas, o no tener a quien acariciar.
El amor no es por calendario, ni por el solo hecho de haber podido parir somos buenas , dulces y maravillosas y cocinamos tortas de frutilla y nos sabemos todas las respuestas... no, así no..hacemos lo que podemos, crecemos con nuestros hijos, aprendemos con ellos y con nuestro entorno, con hijos de otros y a veces hasta con padres ajenos.
Caricias lindas caricias, sin fecha,amor sin calendarios , caricias sin orientación, bondad la máxima posible a quien le corresponda y a quien se la merezca.
Madres :el deseo de ser

Historias que me cuento -4

" Me imagino al personaje, callado, con ojos brillantes, soñador....y uds, cómo se lo imaginan?
Creo que lo más hermoso que tiene el amor por la literatura es como nosotros vivimos el relato del autor, que sentimos con sus palabras, que historia dentro de la historia nos contamos a nosotros mismos..."



Cuando la historia ponía a una mujer al borde de la ruta, esa mujer era siempre una desconocida, los caprichos de las historias que optan por una muchacha pelirroja o una mulata, vistas acaso en una película o una foto de revista y olvidadas en la superficie del día hasta que la historia me las traía si que yo las reconociera. Ver a Dilia fue entonces más que una sorpresa, casi un escándalo porque Dilia no tenía nada que hacer en esa ruta y de alguna manera estaba estropeando la historia con su gesto implorante y conminatorio. Dilia y Alfonso son amigos que Niágara y yo vemos de tiempo en tiempo, viven en órbitas diferentes y sólo nos acerca la fidelidad de los tiempos de universidad, la estima por temas y gustos comunes, cenar de cuando en cuando en casa de ellos o aquí, seguirlos de lejos en su vida de matrimonio con un bebé y bastante plata. Qué demonios tenía que hacer Dilia allí cuando la historia estaba sucediendo de una manera en la que cualquier muchacha imaginaria sí pero no Dilia, porque si algo estaba claro en la historia era que esa vez yo encontraría una muchacha en la ruta y de ahí sucederían algunas de las muchas cosas que pueden suceder cuando se llega a la llanura y se hace un alto después de la larga tensión del cruce todo tan claro desde la primera imagen, la cena con otros camioneros en el bodegón del pueblo cantes de la montaña,una historia ya nada original pero siempre grata por sus variantes y sus incógnitas, solamente que ahora la incógnita era diferente, era Dilia que de ninguna manera tenía sentido en esa curva de la ruta.
Puede ser que si Niágara hubiera estado ahí murmurando y resplando dulcemente en su sueño, yo hubiera preferido no levantar a Dilia, borrarla a ella y al camión y a la historia con solamente abrir los ojos y decirle a Niágara: "Es raro, estuve a punto de acostarme con una mujer y era Dilia", para que tal vez Niágara abriera a su vez los ojos y me besara en la mejilla tratándome de estúpido o metiendo a Freud en el baile o preguntándome si alguna vez había deseado a Dilia, para oírme decir la verdad o sea que en la perra vida, aunque entonces de nuevo Freud o algo así.
Pero sintiéndome tan solo dentro de la historia, tan solo como lo que era , un camionero en pleno cruce de la sierra a medianoche, no fui capaz de pasar de largo: frené despacio, abrí la portezuela y dejé subir a Dilia que murmuró apenas un "gracias" de fatiga y somnolencia y se estiró en el asiento con su saco de viaje a los pies.


Continuará...

viernes, 14 de octubre de 2011

Historias que me cuento -3

"Vamos a ver que le pasa a este personaje, no?..."


Alguna vez en he preguntado por qué camionero y no piloto de avión o capitán de transatlántico, sabiendo a la vez que responde a mi lado simple y a ras de tierra que más y más tengo que esconder de día, ser camionero es la gente que haba con los camioneros, es los lugares por donde se mueve un camionero, de manera que cuando me cuento una historia de libertad es frecuente que empiece en ese camión imaginario como el de ahora, los Andes o las montañas Rocosas, en todo caso una ruta difícil en esa noche por la que yo iba subiendo cuando vi la frágil silueta de Dilia al pie de las rocas violentamente arrancadas de la nada por el haz de los faros, las paredes violáceas que volvían aún más pequeña y abandonada la imagen de Dilia haciéndome el gesto de los que piden ayuda después de haber andado tanto a pie con una mochila a la espalda,
Si ser camionero es una historia que me he contado muchas veces, no era forzoso encontrar mujeres pidiéndome que las levantara como lo estaba haciendo Dilia, aunque desde luego también las había puesto que esas historias colmaban casi siempre una fantasía en la que la noche, el camión y la soledad eran los accesorios perfectos para una breve felicidad de fin de etapa. A veces no, a veces era solamente una avalancha de la que me escapaba vaya a saber cómo, o los frenos que fallaban en el descenso para que todo terminara en un torbellino de visiones cambiantes que me obligaban a abrir los ojos y negarme a seguir, buscar el sueño o la tibia cintura de Niágara con el alivio de haber escapado a lo peor.

Continuará....

martes, 11 de octubre de 2011

Historias que me Cuento- 2

Sigamos con Cortazar un ratito....

Todo depende del humor del momento porque nunca se que me ocurriría elegir un cierto tipo de historia, apenas apago o apagamos la luz y entro en esa segunda y hermosa capa de negrura que me traen los párpados, la historia está ahí, un comienzo casi siempre incitante de historia, puede ser una calle vacía con un auto que avanza desde muy lejos, o la cara de MArcelo Macías al enterarse de que lo han ascendido, cosa hasta este momento inconcebible dada su incompetencia, o simplemente una palabra o un sonido que se repiten cinco o diez veces y de los cuales empieza a salir una primera imagen de la historia. A veces me asombra que después de un episodio que podría calificar de burocrático, la no che siguiente la historia sea erótica o deportiva; sin duda soy imaginativo, aunque eso se note solamente antes de dormirme, pero un repertorio tan imprevistamente variable y rico no tremían de asombrarme. Dilia, por ejemplo, por qué tenía Dilia que aparecer en esa historia y precisamente en esa historia cuando Dilia no era una mujer que de alguna manera se prestara a una historia semejante; por qué Dilia.
Pero hace mucho que he decidido no preguntarme por qué Dilia o el Transiberiano o Muhamed Alí o cualquiera de los escenarios donde se instalan las historias que me cuento. Si me acuerdo de Dilia en este momento ya fuera de la historia es por otras cosas que también estuvieron y están fuera, por algo que ya no es la historia y acaso por eso me obliga a hacer lo que no hubiera querido ni podido hacer con las historias que me cuento. En aquella historia (solo en la cama, Niagara volvería del hospital a las ocho de la mañana) corría un paisaje de montaña y una ruta que daban miedo, que obligaban a manejar con cuidado, los faros barriendo las siempre posibles trampas visuales de cada curva, solo y a medianoche en ese enorme camión de difícil manejo en un camino de cornisa. Ser camionero siempre me ha parecido un trabajo envidiable porque lo imagino como una de las más simples formas de la libertad , ir de un lado a otro en un camión que a la vez es una casa con su colchón para pasar la noche en una ruta arbolada, una lámpara para leer y latas de comida y cerveza, un transistor para escuchar jazz en un silencio perfecto, y además ese sentimiento de saberse ignorado por el resto del mundo, que nadie esté enterado de que hemos tomado esa ruta y no otra, tantas posibilidades y pueblos y aventuras de pasaje, incluso asaltos y accidentes en los que siempre se tiene la mejor parte como cabe a Walter Mittiy.

Continuara.....

sábado, 8 de octubre de 2011

Cortazar- Historias que me cuento-1

A Julio Cortazar llegué en mi adolescencia, a través del cuento "Famas y Cronópios" , confieso que no lo entendí del todo. Era diferente de Benedetti, tenia un lenguaje más complicado. Y lo dejé , como me pasó con Garcia Marquez . Lo dejé, pero no lo olvidé. Una tarde del 74, nublada, llego mi novio de una de sus rarisimas (por pocas) salidas de la "colimba" y traía entre sus cosas un libro que habia encontrado en uno de los pabellones del Regimiento. Alguien se lo había olvidado. Era un libro de tapas azules. Era "Las Armas Secretas" de Julio Cortazar. Me lo dejó y pensé -" Le doy otra chance a este escritor...".Suerte mía, que él me dio otra chance de leerlo y de entenderlo en su existencialismo.
Este cuento no es de "Las Armas Secretas", y si de "Queremos tanto a Glenda".
Y me seduce por su titulo "Historias que me cuento".
Vamos hacia él, que lo disfruten.
..


HISTORIAS QUE ME CUENTO

Me cuento historias cuando duermo solo, cuando la cama parece más grande de lo que es y más fría, pero también me las cuento cuando Niágara está ahí y se duerme entre murmullos complacientes, casi como si también ella se estuviera contado una historia. Más de una vez quisiera despertarla para saber cómo es su historia (solamente murmura ya dormida y eso no es de ninguna manera una historia), pero Niágara vuelve siempre tan cansada del trabajo que no sería justo ni hermoso despertarla cuando acaba de dormirse y parece colmada, perdida en su caracolito perfumado y murmurante, de modo que la dejo dormir y me cuento historias, lo mismo que en los días en que ella tiene horario nocturno y yo duermo solo en esa bruscamente enorme cama.
Las historias que me cuento son cualquier cosa pero casi siempre conmigo en el papel central, una especie de Walter Mitty porteño que se imagina en situaciones anómalas o estúpidas o de un intenso dramatismo muy trabajado para que el que sigue la historia se divierta con el melodrama o la cursilería o el humor que deliberadamente le pone el que la cuenta.Porqeu Walter Mitty suele tener también su lado Jekyll y Hyde, desde luego la literatura anglosajona ha hecho estragos en su inconsciente y las historias le nacen casi siempre muy librescas y como armadas para una imprenta igualmente imaginaria. La sola idea de escribir las historias que me cuento antes de dormirme me parece inconcebible por la mañana, y además un hombre tiene que tener sus lujos secretos, sus callados despilfarros, cosa que otros aprovecharían hasta las últimas migajas. Y hay también la superstición, desde siempre me he dicho que si pusiera por escrito, esa historia sería la última por una razón que se me escapa pero que acaso tiene que ver con nociones de trasngresión o de castigo; entonces no, imposible imaginarme esperando el sueño junto a Niágara o solo pero sin poder contarma una historia, teniendo que imbécilmente numerar corderitos o todavía peor recordar mis jornadas cotidianas poco recordables.


Continua...

martes, 4 de octubre de 2011

La poesia de Silvana o el dolor de amar

Esta Poesía la escribió una conocida, me pareció tan linda y tan real que he decidido subirla para que uds puedan compartir conmigo la fuerza de los sentimientos, cuando solo nos quedan los recuerdos.



TAMBIEN

Y si alguna vez piensas en mí,
Piensa que te he querido
Que he seguido tus pasos
Que a tu corazón, sí le he creído
He buscado anagramas en tus frases
He transitado de la zozobra a la calma
Escuchaba, pero no los sonidos
Escuchaba lo que escondía tu alma.
Que existen diferentes realidades
Que no bastan los deseos
Que no basta la entrega
Que las pasiones amedrentan.
Sin máscaras ni escondites
Seré absolutista en las emociones
Te he querido no sabes cuanto
Comprometiendo alma e ilusiones.
He buscado realidad en tus caricias
Palabras que aún escucho como eco
Abrazos, miradas, y las risas
Solo los encuentro en recuerdos.
Que lógica tan absurda
Que magia tan dispar
Tenlo presente mi amor
También, se siente dolor al amar.

martes, 27 de septiembre de 2011

Ciencia Ficción-Ray Bradbury -Continuación

Sigamos con esta dulce historia de viajes en cohetes interplanetarios familiares , com quien va para la playa, como quien va con su familia para San Clemente... Y el regalo, que regalo...


-Todavía no -dijo el padre- te llevaré más tarde.
-Quiero ver dónde estamos y adónde vamos.
-Quiero que esperes por un motivo- dijo el padre.
El padre había estado despierto, volviéndose a un lado y a otro, pensando en el regalo abandonado, el problema de la fiesta, el árbol perdido y las velas blancas. Al fin, sentándose, hacía apenas cinco minutos, creyó haber encontrado un plan.
Si lograba llevarlo a cabo este viaje sería en verdad feliz y maravilloso.
-Hijo- dijo - dentro de media hora, exactamente, será Navidad.
-Oh- dijo la madre consternada. Había esperado que , de algún modo, el niño olvidaría.
El rostro del niño se encendió. Le temblaron los labios,
-Ya lo sé, lo sé. ¿Tendré un regalo? ¿Tendré un árbol?... Me lo prometieron...
-Sí,sí, todo eso y mucho más- dijo el padre.
-Sí-dijo el padre- Si, de veras. Todo eso y más, mucho más.Perdón, un momento. Vuelvo enseguida.
Los dejó solos unos minutos. cuando regresó, sonreía.
-Ya es casi la hora.
-¿Puedo tener tu reloj?- preguntó el niño
Le dieron el reloj y el niño sostuvo el metal entre los dedos: un resto del tiempo arrastrado por el fuego, el silencio y el movimiento insensible.
-¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde está mi regalo?
- A eso vamos- dijo el padre y tomó al niño por el hombro. Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo, y subieron por una rampa. La madre los seguía.
-No entiendo
-Ya entenderás.Hemos llegado-dijo el padre.
Se detuvieron frente a la puerta cerrada de una cabina. El padre llamo tres veces y luego dos, en código. La puerta se abrió y la luz llegó desde la cabina y se oyó un murmullo de voces.
-entra hijo- dijo el padre
-Está oscuro
-Te llevaré de la mano. Entra, mamá
Entraron en el cuarto y la puerta se cerró, y el cuarto estaba, en verdad, muy oscuro. Y ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de un metro y medio de alto y dos metros de ancho, por la que podrían ver el espacio.
El niño se quedó sin aliento. Detrás, el padre y la madre se quedaron también sin aliento y entonces en la oscuridad del cuarto varias personas se pusieron a cantar.
-Feliz Navidad, hijo- dijo el padre.
Y las voces en el cuarto cantaban viejos y familiares villancicos; el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el vidrio frío del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, mirando simplemente el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas...

sábado, 24 de septiembre de 2011

Ciencia Ficción o Aunque parezca mentira... 1era parte

Si, me suena hasta como un juego de palabras . "ciencia ficción /algo que parece mentira", o mejor dicho algo de lo increíble o de lo inimaginable. No, no, por favor seguidores, no siempre hay monstruos en las histórias de ficción, no. Ahhhh no me creen ehh? bueno, entonces vamos a leer a uno de los grandes de este género, un contemporáneo. RAY BRADBURY (sin monstruos...)
Ahi vamos:

EL REGALO (del libro "Remedio para melancólicos" 1971)

Mañana sería Navidad, y aun mientras viajaban los tres hacia el campo de cohetes, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo por el espacio del niño, su primer viaje en cohete, y deseaban que todo estuviese bien. Cuando en el despacho de la aduana los obligaron a dejar el regalo, que excedía el peso límite en no más de unos pocos kilos, y el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban la fiesta y el cariño.
El niño los esperaba en el cuarto terminal, Los padres fueron allá, murmurando luego de la discusión inútil con los oficiales interplanetarios.
-¿Qué haremos?
-Nada, nada. ¿Qué podemos hacer?
-¡Qué reglamentos absurdos!
-¡Y tanto que deseaba el árbol!
La sirena aulló y la gente se precipitó al cohete de Marte.La madre y el padre fueron los últimos en entrar, y el niño entre ellos, pálido y silencioso.
-Ya se me ocurrirá algo- dijo el padre.
-¿Qué?...- preguntó el niño.
Y el cohete despegó y se lanzaron hacia arriba en el espacio oscuro.
El cohete se movió y dejó atrás una estela de fuego, y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, subiendo a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Durmieron durante el resto del primer "día". cerca de medianoche, hora terráquea, según sus relojes neoyorquinos, el niño despertó y dijo:
-Quiero mirar por el ojo de buey.
Habia un unico ojo de buey, una "ventana" bastante amplia, de vidrio tremendamente grueso, en la cubierta superior.

(Continuará)

jueves, 22 de septiembre de 2011

Falta poco, no podemos parar-Mario Benedetti-Los Pocillos (final)

Hay momentos en que no podemos detenernos para conocer el final, que tal vez sea un final sin final, quien sabe no?
Releyendo esta historia, que sólo la leí aquella vez en mi adolescencia, veo ahora cosas que no habría notado, si mi tiempo no hubiera transcurrido.
Pensamientos comparables, ilusiones comparables, hasta ciertas fechas... increíble el dedo del destino que te dice "Es este.. no otro.."
Bueno, y como leer es un "viaje de ida" esperemos seguir leyendo y que los otros viajes, que no son de lectura, sean de ida y vuelta, para siempre estar cerca.
Veamos que dice el maestro Mario....y espero que lo disfruten leyendo, tanto como yo al copiarlo.

Sentado frente a ellos, José Claudio respiraba normalmente, casi con beatitud. Con el tiempo, la caricia de Alberto se había convertido en una especie de rito, y ahora mismo Mariana estaba en condiciones de aguardar el movimiento próximo y previsto. Como todas las tardes la mano acarició el pescuezo, rozó apenas la oreja derecha, recorrió lentamente la mejilla y el mentón, finalmente se detuvo sobre los labios entreabiertos. Entonces ella, como todas las tardes, besó silenciosamente aquella palma y cerró por un instante los ojos. Cuando los abrió, el rostro de José Claudio era el mismo. Ajeno, reservado, distante. Para ella sin embargo, ese momento incluía siempre un poco de temor.

Un temor que no tenía razón de ser, ya que en el ejercicio de esa caricia púdica, riesgosa, insolente, ambos habían llegado a una técnica tan perfecta como silenciosa.
"No lo dejes hervir", dijo José Claudio. La mano de Alberto se retiró y Mariana, volvió a inclinarse sobre la mesita. Retiró el mechero, apagó la llamita con la tapa de vidrio , llenó los pocillos directamente de la cafetera.
Todos los días cambiaba la distribución de los colores. Hoy sería el verde para José Claudio, el negro para Alberto y el rojo para ella. Tomó el pocillo verde para alcanzarseló a su marido, pero antes de dejarlo en sus manos, se encontró además ,con unas palabras que sonaban más o menos así: " No ,querida. Hoy quiero tomar en el pocillo rojo" FIN (M.Benedetti 1959)

Sigamos leyendo-Mario Benedetti-Los Pocillos

Perdonen los errores de ortografía... mmm... de esos no me salvo, a pesar de leer y leer y leer.
Bueno, dejemos estos comentarios de lado y veamos que le pasa a Mariana, Alberto y José Claudio, de la mano de Mario, querido Mario...

"Y ayer estuvo Trelles", estaba diciendo José Claudio; " a hacerme la clásica visita adulona que el personal de la fábrica me consagra una vez por trimestre. Me imagino que lo echarán a la suerte, el que pierde se embroma y viene a verme."
"También puede ser que te aprecien", dijo Alberto, "que conserven un buen recuerdo del tiempo que los dirigías. Que estén realmente preocupados por tu salud.No siempre la gente es tan miserable como te parece de un tiempo a esta parte".
"Que bien, todos los días se aprende algo nuevo".La sonrisa fue acompañada de un breve resoplido, destinado a inscribirse en otro nivel de ironía.

Cuando Mariana había recurrido a Alberto, en busca de protección, de consejo, de cariño, había tenido de inmediato la certidumbre de que a su vez estaba protegiendo a su protector, de que él se hallaba tan necesitado de amparo como ella misma, de que allí, todavía tensa de escrúpulos y de quizá de pudor, había una razonable desesperación de la que ella comenzó a sentirse responsable. Por eso, justamente había provocado su gratitud, por no decírselo con todas las letras, por simplemente dejar que él la envolviera en su ternura acumulada de tanto tiempo atrás, por sólo permitir que él ajustara a la imprevista realidad aquellas imágenes de ella misma que había hecho transcurrir, sin hacerse ilusiones, por el desfiladero de sus melancólicos insomnios. Pero la gratitud pronto fue desbordada. Como si todo hubiera estado dispuesto para la mutua revelación, como si sólo hubiera faltado que se miraran a los ojos para confrontar y compensar sus afanes, a los pocos días lo más importante estuvo dicho y los encuentros furtivos menudearon. Mariana sintió de pronto que su corazón se había ensanchado y que el mundo era más que eso: Alberto y ella.

"Ahora sí podes calentar el café" , dijo José Claudio y Mariana se inclinó sobre la mesita ratona para encender el mechero de alcohol. Por un momento se distrajo contemplando los pocillos.Sólo había traído tres, uno de cada color. Le gustaba verlos así, formando un triángulo.
Después se echo hacia atrás en el sofá y su nuca encontró lo que esperaba, la mano cálida de Alberto, ya ahuecada para recibirla. Qué delicia ,Dios mío. La mano empezó a moverse suavemente, y los dedos largos y afilados, se introdujeron entre el pelo. La primera vez que Alberto se había animado a hacerlo, Mariana se había sentido terriblemente inquieta, con los músculos anudados en una dolorosa contracción que le había impedido disfrutar de la caricia.
Ahora estaba tranquila y podía disfrutar.Le parecía que la ceguera de José Claudio era una especie de protección divina.

Continuará

Leamos el final-Mario Benedetti- Los Pocillos (cont)

Los ansiosos no sabemos esperar...sigamos entonces

¿De dónde extraería Alberto esa capacidad para entender a la gente?.Ella hablaba con él, o simplemente lo miraba, y sabia de inmediato que él la estaba sacando de apuro. "Gracias" habia dicho entonces. Y todavia ahora, la palabra llegaba a sus labios directamente de su corazón, sin razonamientos intemediarios, sin usura. Su amor hacia Alberto habia sido, en sus comienzos, gratitud, pero eso no alcanzaba a despreciarlo. Para ella querer había sido, desde siempre un poco agradecer y otro poco provocar la gratitud. A José Claudio, en otros tiempos, siempre le había agradecido, que él tan brillante, tan lúcido, tan sagaz, se hubiera fijado en ella, tan insignificante.
Había fallado en el otro, eso de provocar gratitud, y había fallado en la ocasión más absurdamente favorable, es decir, cuando él parecía necesitarla más.
A Alberto en cambio le agradecía el impulso inicial, la generosidad de ese primer socorro que la había salvado de su propio caos., y sobre todo ayudado a ser fuerte. Por otra parte ella había provocado su gratitud, claro que si. PorqueAlberto era un alma tranquila, un respetuoso de su hermano, un fanático del equilibrio, pero en definitiva, un solitario.
Durante años y años, Alberto y ella habían mantenido una relación superficialmente cariñosa, que se detenía con discreción en los umbrales del tuteo y sólo en contadas ocasiones dejaba entrever una solidaridad más profunda.
Acaso ALberto envidiaba un poco la aparente felicidad de su hermano, la buena suerte de haber dado con una mujer que él consideraba encantadora. En realidad, no hacia mucho que Mariana había obtenido la confesión de que la imperturbable soltería de Alberto se debía a que toda posible candidata era sometida a una imaginaria y desventajosa comparación.

Continuará

Sigamos leyendo-Mario Benedetti-Los Pocillos (cont2)

Día frío, nublado, invita al aislamiento... sentemosnos y abramos el libro virtual con el indicador "Roma", que nos muestra donde dejamos ayer...

"De todos modos deberias ir", apoyó Mariana. "Acordate lo que siempre te decía Menéndez"."Cómo no ,que me acuerdo:Para Ud no esta todo perdido. Ah, Y otra frase famosa:La ciencia no cree en milagros. Yo tampoco creo en milagros"
"¿Y por qué no aferrarte a una esperanza, no es humano?"
"¿De verás?" Habló por el costado del cigarrillo.
Se había escondido en sí mismo.Pero Mariana no estaba hecha para asistir, simplemente para asistir, a un reconcentrado. Mariana reclamaba otra cosa. Una mujercita para ser exigida con mucho tacto, eso era. Con todo, había bastante margen para esa exigencia, ella era bastante dúctil. Toda una calamidad que él no pudiese ver; pero esa no era la peor desgracia.
La peor desgracia era que estuviese dispuesto a evitar, por todos los medios a su alcance, la ayuda de Mariana. Él menospreciaba su protección y Mariana hubiera querido- sincera, cariñosamente- haberlo protegido. Bueno eso era antes, ahora no. El cambio se había operado con lentitud. Primero fue un decaimiento de la ternura. El cuidado, la atención, el apoyo, qu edesde un comienzo estuvieron rodeados por una halo constante de cariño, ahora se habían vuelto mecánicos. Ella seguía siendo eficiente, de eso no cabía duda, pero no disfrutaba siendo solícita. Después fue un temor horrible frente a la posibilidad de una discusión cualquiera. Él estaba agresivo, dispuesto a herir, a decir lo más duro, a establecer su crueldad sin posible retroceso. Siempre desde muy atrás de su ceguera, como si esta oficiara de muro de contención para el incómo do estupor de los otros.
Alberto se levantó del sofá y se acercó al ventanal. "Que otoño desgraciado",dijo,"¿Te fijaste?",la pregunta iba para ella.
"No", respondió José Claudio "fíjate vos"
Alberto lo miró, durante el silencio se sonrieron. Al margen de José Claudio , y sin embargo a propósito de él. De pronto Mariana supo que se había puesto linda. Siempre que miraba a Alberto, se ponía linda.
Él se lo había dicho po rprimera vez la noche del 23 de abril del año pasado, hacia exactamente un año y ocho días. Una noche en que José Claudio le había gritado muchas cosas feas, y ella había llorado, desalentada, torpemente triste, horas y horas , hasta que había encontrado el hombro de Alberto y se había sentido comprendida y segura.
Continuara



miércoles, 21 de septiembre de 2011

Vamos a Leer-Mario Benedetti- Los Pocillos cont.

Buen dia :Sentemonos comodos, limpiemos la mente de preocupaciones, respiremos profundo, abramos el libro y nos sumergiremos en otro mundo...

Continuación

Ella abrio apenas la boca y recorrio el labio superior con la punta de la lengua.Un modo, como cualquier otro de empezar a recordar. Fue en marzo de 1953, cuando él cumplió 35 años y todavia veia. Habian almorzado en la casa de los padres de José Claudio, en Punta Gorda, habian comido arroz con mejillones y despues se habian ido a caminar por la playa. Él le habia pasado un brazo por los hombros y ella se habia sentido protegida, probablemente feliz o lago semenjante.
Habian regresado al departamento y él la habia besado, lentamente, amorosamente,como besaba antes. Habian inaugurado el encendedor con un cigarrillo que fumaron a medias.

Ahora el encendedor ya no servia. Y ella tenia poca confianza en los conglomerados simbólicos,
pero despues de todo ¿qué servia aún de aquella época?

"Este mes tampoco fuiste al médico" dijo Alberto
"¿querés que te sea sincero?". "Claro"
"Me parece una idiotez de tu parte"
"¿Y para qué voy a ir? Para oirle decir que tengo una salud de roble, que mi higado funciona admirablemente, que mi corazón golpea con el ritmo debido, que mis intestinos son una maravilla? ¿Para eso querés que vaya? Estoy podrido de mi notable salud sin ojos."

En la época anterior a la ceguera,José Claudio no era un especialista en la exteriorizacion de sus emociones, pero Mariana no se habia olvidado de como era ese rostro antes de adquirir esa tensión, este presentimiento. Su matrimonio habia tenido buenos momentos, no podia ni queria ocultarlo. Pero cuando estalló el infortunio, él se habia negado a aceptar "su amparo", a refugiarse en ella. Todo su orgullo se concentró en un silencio terrible, un silencio testarudo.Un silencio que seguia siendo tal, aun rodeado de palabras. José Claudio habia dejado de hablar de si . (continuara)

martes, 20 de septiembre de 2011

Vamos a Leer- Mario Benedetti- Los Pocillos

Este cuento pertenece al libro "Montevideanos" y me trae lindos recuerdos. El recuerdo más importante es, posiblemente, mi despertar a la lectura adulta, que fue como abrir la puerta a un mundo desconocido y eso lo hice de la mano de Mario Benedetti.
Este cuento en especial me seduce por varios motivos, uno la sorpresa de lo inesperado y otro el juego colorido que dan los pocillos, como la vida, esa mezcla desordenada de colores como acciones y sentimientos.
Y como adicional, yo también tenía y aun tengo unos pocillos de colores combinados.
Espero, mis seguidores, lo disfruten, lo copio (en etapas por una cuestion de caracteres) con mucho, mucho cariño.

LOS POCILLOS - 1959 - Primera parte

Los pocillos eran seis: dos rojos, dos verdes, dos negros, y además importados , irrompibles, modernos. Habían llegado como un regalo de Enriqueta, en el último cumpleaños de Mariana, y desde ese día el comentario de cajón era que podían combinarse las tazas de un color con el platito de otro. "Negro con rojo queda fenomenal" había sido el consejo estético de Enriqueta. Pero Mariana, en un discreto rasgo de independencia, había decidido que cada pocillo seria usado con su plato del mismo color.

"El café ya está pronto, ¿lo sirvo?", preguntó Mariana. La vos se dirigía al marido, pero los ojos estaban fijos en el cuñado. Este parpadeó y no dijo nada, pero José Claudio contestó: "Todavía no, espera un ratito. Antes quiero fumar un cigarrillo". Ahora ella si miró a José Claudio y pensó por milésima vez, que aquellos ojos no parecían de ciego.
La mano de José Claudio empezó a moverse, tanteando el sofá. "¿Que buscas?", preguntó ella. "El encendedor", " A tu derecha". La mano corrigió el rumbo y halló el encendedor. Con ese tembló:que da el continuado afán de búsqueda, el pulgar hizo girar varias veces la ruedita, pero la llama no apareció. A una distancia ya calculada, la mano izquierda trataba infructuosa de registrar la aparición del calor.
Entonces Alberto, encendió un fósforo y vino en su ayuda. "¿Por que no lo tiras?" dijo con una sonrisa, que como toda sonrisa para ciegos impregnaba también las modulaciones de la voz.
"No lo tiro porque le tengo cariño, es un regalo de Mariana". (continuará)

viernes, 19 de agosto de 2011

Una chica grande con un chico chico

Ella siempre se vio de su edad, nunca se sintió que aparentara menos ni más. Siempre le pareció dar con la edad justa.
Es una tontería correr atrás de la eterna juventud!!! jajajajaja... Frase de vieja, consuelo ante lo inevitable que es el paso del tiempo.
Se acuerda de ese Abril lejano caminando con su novio por las calles de Villa del Parque. Hacia frio, estaba nublado y no era un buen día.
El destino estaba metido entre los dos enamorados, abriendo sus caminos.
Paso un tipo joven, los miró y dijo algo así como "Que hace esta chica con un chico tan chiquito"o algo así, como si tuvieran diferencias de edad. Lo que no era verdad.
Ella se había olvidado de ese comentario.No lo guardaba en su memoria. Pero él se acordaba, se acordaba que había dudado en darle una piña al tipo. No se la dio, siguió preocupado con el destino.
Ahora que ella tiene otra dimensión del tiempo, de la vejez, lo ve y piensa, "el tipo tenia razón". Él siempre parece más joven.
Pero dentro de si, para ella, los dos son iguales, y no son viejos y están en la playa caminado de la mano.
Mejor así, mejor así....mejor ese recuerdo.

martes, 9 de agosto de 2011

Tatqte o Tqteta o Tatetq- no importa el orden o los codigos de la distancia

Letras, siglas, palabras, expresiones, sonidos.
Desde que nacemos,vivimos rodeados de sonidos, de palabras, de expresiones.
Muchos de esos sonidos son formas amorosas hacia nosotros u hacia otros, que presenciamos o de los que participamos.
Algunos son simples ruidos en nuestra vida, pero otros parecen ruidos, pero no lo son.
Se transforman en códigos, siglas que nos acercan, nos alegran , nos acompañan.
Expresiones de amor en pocas letras que tratan de sintetizar lo imposible.
Sintetizar un sentimiento a la distancia.
Quebrar el silencio y acercase, acercarnos...comunicarnos, sentirnos...

sábado, 30 de julio de 2011

Del Amor en los tiempos del colera al amor en los tiempos de la rabia

Parece gracioso no? usar el titulo de un libro tan famoso como excusa para volver a escribir aquí.
Se que alguien me va a leer, lo sé.
Pero el libro de Garcia Marquez habla de un amor eterno, de dos personas que el destino las separó, las obligó (por decirlo de alguna manera) a vivir cada uno su vida, entretejida de historias y de otros personajes, importantes, secundarios, variados, para después, en el serpenteo de la ruta que es la vida, volverse a encontrar.
Y el autor, en un acto de amor, les permite el amor.
No un amor de juventud, claro, pues ese amor se lo dieron a otros. Ni un amor maduro, les permite un amor senil. Pero por increíble que parezca, el autor pone en su pluma la belleza de ese momento, donde dos ancianos al estar juntos y nutridos de ese amor, sienten una felicidad tan plena que dentro de si son jóvenes o se sienten como tales, que para el caso es lo mismo.
Ojalá la vida sea tan magnánima como el autor. Permita el final feliz para los amores eternos. Y si no fuera así, ojalá, les ofrezca a sus protagonistas, por lo menos algún capitulo de felicidad, para que lo guarden en sus almas. Como una perla de esperanza.
Ojalá, el autor de la vida lo permita, ojalá.

domingo, 20 de febrero de 2011

El mundo virtual , el real o estoy sintiendome vieja

Todo es virtual, usamos y abusamos de ese mundo, del que no podemos desprendernos.
Ya escribí sobre este mundo, pero no dejo de asombrarme. A pesar de trabajar permanentemente a través de este mundo, aún así, me resulta extraño.

Ultimamente siento que sólo uso este mundo en forma laboral y como ultimo recurso para comunicarme con mis queridos seres lejanos. E intento no usarlo para los cercanos, porque siento que es una forma de poner distancia.
Si parece gracioso, algo casi " en linea", casi "instantaneo", me resulta distante, lejano, perdido... a veces hasta sin forma.
Y me pregunto cuál es el motivo de crear una relación única a través de estos medios?
Hoy llamas a algún amigo por su cumple y te dice : " No viste mi facebook? todos los que me han escrito?" o a otro para felicitarlo por una promoción y te dice "Si, no sabes, me llenaron la memoria del celu con tantos mjes" o hasta a un hijo que te dice "Uhhh!!! me olvidé del cumple de papi, no lo tenia agendado en mi ibook"... Por Dios, que cosa eso de recordar el sonido de la voz de una persona cuando la llamabas , no? O una carta enviada por correo, que guardas con afecto hasta que se pongan amarillas sus páginas, viendo la letra del que te escribió...
Si, me agarró el viejazo.. en fin, tampoco sirve ocultar el paso de los años. Estoy mas cerca de la recta final que de la salida.
Y me gustan también recibir mails que mis lejanos queridos. Pero más me gustan los sonidos, los ojos que te miran cuando te hablan, las sonrisas compartidas, el "toque " de una mano en tu mano, un abrazo, un beso... o varios... eso me sigue gustando más. Nada virtual, ni con cámara sonora puede reemplazar lo real.

lunes, 7 de febrero de 2011

Palabras sueltas

Mar
Arena
Azalea
Reloj
Rosas
Música
Abril
Frio
Plaza
Auto
Lagrimas
Olvido
Besos

jueves, 27 de enero de 2011

EL tiempo ese compañero silencioso

Sentir el tiempo que nos pasa es algo verdaderamente difícil. No nos damos cuenta, estamos haciendo cosas, yendo, viniendo, en fin, viviendo el tiempo.
Viviendo nuestro tiempo.
Tiempo que mide tus días, tiempo que no se puede parar, ni congelar (quién no hubiera deseado congelar momentos en un espacio de tiempo eterno!!)
Y si pudiéramos elegir en un tiempo sin tiempo?Elegir algo deseado, un amor, por ejemplo.
Como si el tiempo no existiera y pudiéramos en una linea recta de la nada, elegir alguno de todos nuestros amores. Amores infantiles, juveniles, adultos y hasta adúlteros... un amor
Y decir, como en una tienda del tiempo, me quedo con este. No importa si tenia 5 años cuando ese fue mi amor, o 20 o 40, que importa si estoy sin la medida del tiempo. No tengo ni edad, ni prisa y mi amor es eterno, porque lo elegí del todo, y no tengo limites.
No tengo pasado, no tengo futuro, solo tengo ese presente eterno del tiempo sin tiempo...
Es como ciencia ficción del deseo, que todo lo puede y todo lo tiene.
Nuestro tiempo eterno, con amor eterno.