martes, 20 de septiembre de 2011

Vamos a Leer- Mario Benedetti- Los Pocillos

Este cuento pertenece al libro "Montevideanos" y me trae lindos recuerdos. El recuerdo más importante es, posiblemente, mi despertar a la lectura adulta, que fue como abrir la puerta a un mundo desconocido y eso lo hice de la mano de Mario Benedetti.
Este cuento en especial me seduce por varios motivos, uno la sorpresa de lo inesperado y otro el juego colorido que dan los pocillos, como la vida, esa mezcla desordenada de colores como acciones y sentimientos.
Y como adicional, yo también tenía y aun tengo unos pocillos de colores combinados.
Espero, mis seguidores, lo disfruten, lo copio (en etapas por una cuestion de caracteres) con mucho, mucho cariño.

LOS POCILLOS - 1959 - Primera parte

Los pocillos eran seis: dos rojos, dos verdes, dos negros, y además importados , irrompibles, modernos. Habían llegado como un regalo de Enriqueta, en el último cumpleaños de Mariana, y desde ese día el comentario de cajón era que podían combinarse las tazas de un color con el platito de otro. "Negro con rojo queda fenomenal" había sido el consejo estético de Enriqueta. Pero Mariana, en un discreto rasgo de independencia, había decidido que cada pocillo seria usado con su plato del mismo color.

"El café ya está pronto, ¿lo sirvo?", preguntó Mariana. La vos se dirigía al marido, pero los ojos estaban fijos en el cuñado. Este parpadeó y no dijo nada, pero José Claudio contestó: "Todavía no, espera un ratito. Antes quiero fumar un cigarrillo". Ahora ella si miró a José Claudio y pensó por milésima vez, que aquellos ojos no parecían de ciego.
La mano de José Claudio empezó a moverse, tanteando el sofá. "¿Que buscas?", preguntó ella. "El encendedor", " A tu derecha". La mano corrigió el rumbo y halló el encendedor. Con ese tembló:que da el continuado afán de búsqueda, el pulgar hizo girar varias veces la ruedita, pero la llama no apareció. A una distancia ya calculada, la mano izquierda trataba infructuosa de registrar la aparición del calor.
Entonces Alberto, encendió un fósforo y vino en su ayuda. "¿Por que no lo tiras?" dijo con una sonrisa, que como toda sonrisa para ciegos impregnaba también las modulaciones de la voz.
"No lo tiro porque le tengo cariño, es un regalo de Mariana". (continuará)

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