Los ansiosos no sabemos esperar...sigamos entonces
¿De dónde extraería Alberto esa capacidad para entender a la gente?.Ella hablaba con él, o simplemente lo miraba, y sabia de inmediato que él la estaba sacando de apuro. "Gracias" habia dicho entonces. Y todavia ahora, la palabra llegaba a sus labios directamente de su corazón, sin razonamientos intemediarios, sin usura. Su amor hacia Alberto habia sido, en sus comienzos, gratitud, pero eso no alcanzaba a despreciarlo. Para ella querer había sido, desde siempre un poco agradecer y otro poco provocar la gratitud. A José Claudio, en otros tiempos, siempre le había agradecido, que él tan brillante, tan lúcido, tan sagaz, se hubiera fijado en ella, tan insignificante.
Había fallado en el otro, eso de provocar gratitud, y había fallado en la ocasión más absurdamente favorable, es decir, cuando él parecía necesitarla más.
A Alberto en cambio le agradecía el impulso inicial, la generosidad de ese primer socorro que la había salvado de su propio caos., y sobre todo ayudado a ser fuerte. Por otra parte ella había provocado su gratitud, claro que si. PorqueAlberto era un alma tranquila, un respetuoso de su hermano, un fanático del equilibrio, pero en definitiva, un solitario.
Durante años y años, Alberto y ella habían mantenido una relación superficialmente cariñosa, que se detenía con discreción en los umbrales del tuteo y sólo en contadas ocasiones dejaba entrever una solidaridad más profunda.
Acaso ALberto envidiaba un poco la aparente felicidad de su hermano, la buena suerte de haber dado con una mujer que él consideraba encantadora. En realidad, no hacia mucho que Mariana había obtenido la confesión de que la imperturbable soltería de Alberto se debía a que toda posible candidata era sometida a una imaginaria y desventajosa comparación.
Continuará
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