jueves, 22 de septiembre de 2011

Falta poco, no podemos parar-Mario Benedetti-Los Pocillos (final)

Hay momentos en que no podemos detenernos para conocer el final, que tal vez sea un final sin final, quien sabe no?
Releyendo esta historia, que sólo la leí aquella vez en mi adolescencia, veo ahora cosas que no habría notado, si mi tiempo no hubiera transcurrido.
Pensamientos comparables, ilusiones comparables, hasta ciertas fechas... increíble el dedo del destino que te dice "Es este.. no otro.."
Bueno, y como leer es un "viaje de ida" esperemos seguir leyendo y que los otros viajes, que no son de lectura, sean de ida y vuelta, para siempre estar cerca.
Veamos que dice el maestro Mario....y espero que lo disfruten leyendo, tanto como yo al copiarlo.

Sentado frente a ellos, José Claudio respiraba normalmente, casi con beatitud. Con el tiempo, la caricia de Alberto se había convertido en una especie de rito, y ahora mismo Mariana estaba en condiciones de aguardar el movimiento próximo y previsto. Como todas las tardes la mano acarició el pescuezo, rozó apenas la oreja derecha, recorrió lentamente la mejilla y el mentón, finalmente se detuvo sobre los labios entreabiertos. Entonces ella, como todas las tardes, besó silenciosamente aquella palma y cerró por un instante los ojos. Cuando los abrió, el rostro de José Claudio era el mismo. Ajeno, reservado, distante. Para ella sin embargo, ese momento incluía siempre un poco de temor.

Un temor que no tenía razón de ser, ya que en el ejercicio de esa caricia púdica, riesgosa, insolente, ambos habían llegado a una técnica tan perfecta como silenciosa.
"No lo dejes hervir", dijo José Claudio. La mano de Alberto se retiró y Mariana, volvió a inclinarse sobre la mesita. Retiró el mechero, apagó la llamita con la tapa de vidrio , llenó los pocillos directamente de la cafetera.
Todos los días cambiaba la distribución de los colores. Hoy sería el verde para José Claudio, el negro para Alberto y el rojo para ella. Tomó el pocillo verde para alcanzarseló a su marido, pero antes de dejarlo en sus manos, se encontró además ,con unas palabras que sonaban más o menos así: " No ,querida. Hoy quiero tomar en el pocillo rojo" FIN (M.Benedetti 1959)

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