A Julio Cortazar llegué en mi adolescencia, a través del cuento "Famas y Cronópios" , confieso que no lo entendí del todo. Era diferente de Benedetti, tenia un lenguaje más complicado. Y lo dejé , como me pasó con Garcia Marquez . Lo dejé, pero no lo olvidé. Una tarde del 74, nublada, llego mi novio de una de sus rarisimas (por pocas) salidas de la "colimba" y traía entre sus cosas un libro que habia encontrado en uno de los pabellones del Regimiento. Alguien se lo había olvidado. Era un libro de tapas azules. Era "Las Armas Secretas" de Julio Cortazar. Me lo dejó y pensé -" Le doy otra chance a este escritor...".Suerte mía, que él me dio otra chance de leerlo y de entenderlo en su existencialismo.
Este cuento no es de "Las Armas Secretas", y si de "Queremos tanto a Glenda".
Y me seduce por su titulo "Historias que me cuento".
Vamos hacia él, que lo disfruten...
HISTORIAS QUE ME CUENTO
Me cuento historias cuando duermo solo, cuando la cama parece más grande de lo que es y más fría, pero también me las cuento cuando Niágara está ahí y se duerme entre murmullos complacientes, casi como si también ella se estuviera contado una historia. Más de una vez quisiera despertarla para saber cómo es su historia (solamente murmura ya dormida y eso no es de ninguna manera una historia), pero Niágara vuelve siempre tan cansada del trabajo que no sería justo ni hermoso despertarla cuando acaba de dormirse y parece colmada, perdida en su caracolito perfumado y murmurante, de modo que la dejo dormir y me cuento historias, lo mismo que en los días en que ella tiene horario nocturno y yo duermo solo en esa bruscamente enorme cama.
Las historias que me cuento son cualquier cosa pero casi siempre conmigo en el papel central, una especie de Walter Mitty porteño que se imagina en situaciones anómalas o estúpidas o de un intenso dramatismo muy trabajado para que el que sigue la historia se divierta con el melodrama o la cursilería o el humor que deliberadamente le pone el que la cuenta.Porqeu Walter Mitty suele tener también su lado Jekyll y Hyde, desde luego la literatura anglosajona ha hecho estragos en su inconsciente y las historias le nacen casi siempre muy librescas y como armadas para una imprenta igualmente imaginaria. La sola idea de escribir las historias que me cuento antes de dormirme me parece inconcebible por la mañana, y además un hombre tiene que tener sus lujos secretos, sus callados despilfarros, cosa que otros aprovecharían hasta las últimas migajas. Y hay también la superstición, desde siempre me he dicho que si pusiera por escrito, esa historia sería la última por una razón que se me escapa pero que acaso tiene que ver con nociones de trasngresión o de castigo; entonces no, imposible imaginarme esperando el sueño junto a Niágara o solo pero sin poder contarma una historia, teniendo que imbécilmente numerar corderitos o todavía peor recordar mis jornadas cotidianas poco recordables.
Continua...
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