martes, 26 de marzo de 2013

Víctor un oculista improvisado




Mich fue revisando entre todas las cosas que Marga tenia en su casa-cueva y encontró unas lianas bastante flexibles y resistentes que podrían servirles. Marga le contó que esas lianas que ellos llaman lana del cielo, se encuentran en muchos lugares y sirven para muchas cosas. Y le contaba con detalle mínimo las cosas que hacían con la lana del cielo, Pericles también comentaba al respecto. El grupo conversaba muy animado y Víctor los miraba mientras pensaba como hacerle los anteojos a Patú.

Los pájaros raros del cielo comenzaron a cantar y el sol a asomarse, así que decidieron ir al encuentro de Patú.

Por la calles empezaron a caminar algunos Cronópios y menos Famas, algunos muñecos de cuello de madera, en cuanto el quinteto iba alejándose rumbo a la sierra.

El camino era hermoso, y detrás de una arboleda, bajo una especie de gruta bastante abierta pero cubierta del sol, estaba Patú durmiendo tranquilamente.

Marga se acercó y comenzó a acariciarle las orejotas. Patú abrió sus miopes ojos e hizo una mueca muy parecida a una sonrisa, después habló: Hola Marga!! No estás sola no? Olfateo otros cuerpos.

Marga le contó de sus amigos mientras que Víctor, Mich y Pericles iban a buscar unos lentes apropiados para Patú. Con Marga se quedó Man que estaba encantado de estar cerca del gigante Patú.

Trabajaron como oculistas los 3 hombres y Patú aceptó feliz esos lentes amarrados con las lanas del cielo que le dieron la posibilidad de ver y con ella de integrarse a ese mundo.

Y su integración iba a cambiarlo de a poco, cuando todas las personas de la Ciudad X fueran perdiendo el miedo.

Todos estaban muy contentos y Marga abrazo a Víctor con gran alegría y lo miró con algo más que un amigable sentimiento. Víctor sintió lo mismo.

Después Mich lo abrazó y le susurró al oído: Extraño a mi familia, extraño mi casa, extraño mis juguetes, hasta extraño la escuela!!!

Si, dijo Víctor, Debemos volver…









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