La mañana
estaba Hermosa, sol radiante, las calles verdes de gramilla, flores por donde
mires, columnas de agua, Fuentes de jugos, pájaros raros , cronópios y famas,
dragones voladores, bellas plazas, casas lindísimas, pero Víctor no podía sacar
su mente del plan para poder ver que sucedía por la noche.
Mich estaba
contento tocando todo lo que veía de raro o de novedoso, un patín mágico que se
creaba de una baldosa!!Si!! Pericles sacó una baldosa de una parte del piso, inmediatamente
esa hueco se relleno con otra baldosa nueva, y la baldosa extraída una vez en
el suelo de nuevo, al ponerle un pié encima, comenzó a flotar y a andar. Parecía
que toda la gente que precisaba transportarse de un lugar para otro un poco más
lejano, se subía a su baldosa patín y andaba alegremente. Ni un minuto duro
Pericles en la baldosa, que Mich lo sacó y se subió él, pero sólo conseguía ir
hacia adelante, no sabía cómo dirigirlo y casi, casi se choca con unas chicas
pequeñitas que parecía a campanita del cuento de Peter Pan. Pericles fue a su ayuda y le mostró como conducirlo,
era bien simple. Se conducía con el cuerpo, si te agachabas, se detenía, si te
inclinabas hacia la derecha iba hacia ese lado, lo mismo para la izquierda, y
para girarlo debía acompañar el movimiento con los brazo. Todo era corporal,
energía de tu cuerpo. Qué interesante pensó Víctor.
Man corría,
y saltaba junto con los cronópios que le revoloteaban y le hablaban en un
idioma medio inentendible y más para Man, pero lo divertían esas idas y
vueltas.
Víctor se
sentó para ver a sus amigos jugar siempre mirando a su alrededor. Y allí lo vio:
una gruta de piedras de colores, que parecía piedras preciosas. Como las del
collar de su abuela de color dorado, que le decían “el collar de amatista”. Era
una gruta pequeña, un poco cubierta su entrada por un arbusto que cambiaba de
color según al compás del viento, a veces era verde oscuro, otras claro, otras
amarillo ocre, otras casi gris, y de nuevo verde. Ese era el lugar apropiado.
Ahora sólo faltaba decirle a Mich de su idea y ver como se escapaban de
Pericles, que seguramente no los acompañaría en esa aventura.
Tiene que
esperar el momento apropiado, sin que nadie se dé cuenta para poder ejecutar su
plan y así se quedó pensando, en la nebulosa de su vista, mientras limpiaba sus
anteojos con un pañuelo de papel que le dio su mamá antes de subir a su cuarto
a escribirle a su amigo…
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