jueves, 7 de marzo de 2013

Víctor sigue pensando su plan


La mañana estaba Hermosa, sol radiante, las calles verdes de gramilla, flores por donde mires, columnas de agua, Fuentes de jugos, pájaros raros , cronópios y famas, dragones voladores, bellas plazas, casas lindísimas, pero Víctor no podía sacar su mente del plan para poder ver que sucedía por la noche.
Mich estaba contento tocando todo lo que veía de raro o de novedoso, un patín mágico que se creaba de una baldosa!!Si!! Pericles sacó una baldosa de una parte del piso, inmediatamente esa hueco se relleno con otra baldosa nueva, y la baldosa extraída una vez en el suelo de nuevo, al ponerle un pié encima, comenzó a flotar y a andar. Parecía que toda la gente que precisaba transportarse de un lugar para otro un poco más lejano, se subía a su baldosa patín y andaba alegremente. Ni un minuto duro Pericles en la baldosa, que Mich lo sacó y se subió él, pero sólo conseguía ir hacia adelante, no sabía cómo dirigirlo y casi, casi se choca con unas chicas pequeñitas que parecía a campanita del cuento de Peter Pan. Pericles  fue a su ayuda y le mostró como conducirlo, era bien simple. Se conducía con el cuerpo, si te agachabas, se detenía, si te inclinabas hacia la derecha iba hacia ese lado, lo mismo para la izquierda, y para girarlo debía acompañar el movimiento con los brazo. Todo era corporal, energía de tu cuerpo. Qué interesante pensó Víctor.
Man corría, y saltaba junto con los cronópios que le revoloteaban y le hablaban en un idioma medio inentendible y más para Man, pero lo divertían esas idas y vueltas.
Víctor se sentó para ver a sus amigos jugar siempre mirando a su alrededor. Y allí lo vio: una gruta de piedras de colores, que parecía piedras preciosas. Como las del collar de su abuela de color dorado, que le decían “el collar de amatista”. Era una gruta pequeña, un poco cubierta su entrada por un arbusto que cambiaba de color según al compás del viento, a veces era verde oscuro, otras claro, otras amarillo ocre, otras casi gris, y de nuevo verde. Ese era el lugar apropiado. Ahora sólo faltaba decirle a Mich de su idea y ver como se escapaban de Pericles, que seguramente no los acompañaría en esa aventura.
Tiene que esperar el momento apropiado, sin que nadie se dé cuenta para poder ejecutar su plan y así se quedó pensando, en la nebulosa de su vista, mientras limpiaba sus anteojos con un pañuelo de papel que le dio su mamá antes de subir a su cuarto a escribirle a su amigo…

No hay comentarios:

Publicar un comentario