miércoles, 30 de junio de 2010

Historias del corazón prestadas o propias

Era una chica cuando se conocieron, se distanciaron y cada uno siguio su destino. Pero ese destino, con el tiempo, los volvió a juntar.
Un tiempo, sólo un tiempo.
Ella siempre tuvo certezas, creadas o imaginarias, pero certezas al fin. Profecias autocumplidas, tal vez, que determinaron el camino.
Creia ser feliz con esa relación reencontrada, con esos tiempos sin tiempo que compartian, con esa virtualidad cotidiana que parecia mantenerlos unidos.
Hasta que llego lentamente, implacablemente esas... las certezas, esas que ella sentia, que aparecian como presentimientos o premoniciones, no sabia explicarlas, pero llegaban.
Ella se resistíó, lloró y aún hoy sus recuerdos la agobian, pero sabia que habia llegado esa certeza. La certeza de lo inevitable.
Y el tiempo acabó. Y ese tiempo no volverá. Cierto como la certeza que a ella siempre la persiguió.
Pensó también, como consuelo de lo ineludible, que en algún momento futuro, él podría estar para ella.
Pero volvió la certeza. Y se dió cuenta que aún él estando sólo, jamás volveria para ella, pues ella era el pasado, ese pasado paralelo a su vida. Y para su vida él, si estuviera sólo , buscaria otra vida, lejos de ella, lejos de los recuerdos, lejos de lo paralelo. Buscaria un futuro nuevo.
Y asi, siguió ella con su profecia, casi cumplida....buscado su futuro.

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