Los recuerdos son como hojas al viento, van y vienen, a veces se pierden en algun rincón, pero cuando viene un viento fresco reaparecen. Se muestran, te acarician el rostro y como buenos recuerdos te transportan en el tiempo.
Si tuvimos suerte,pudimos vivir parte de nuestras vidas con nuestros abuelos, o nonos, o como en mi caso yo tuve abuela y nonos, las vivencias serán sin duda maravillosas.
Y guardamos muchisimos recuerdos. Juegos compartidos con improvisados billares o metegoles de botones, cuentos contados en las siestas y repetidos hasta el hartazgo, inolvidables. Canciones cantadas en los viajes en autos o camiones viejos que para nosotros como niños eran nuevos y veloces.
Y las comidas...., esas si, eran especiales, mejores que las de nuestras mamás.
Yo recuerdo las sopas de mi Nona,infaltables, verano o invierno. Los postres de vainilla y la polenta en el invierno. Las ensaladas de rucula o radicheta, cortadita finita finita. Y el pan fresco que muchas veces fui a comprar para poner en la mesa.
Otros recuerdan las pastas de la abuela, que temprano los domingos comenzaba a preparar, si con el palote de amasar, nada de "pasta linda", todo a pulmon. Las empanadas con papa, cebolla y otras con atún.
Y nosotros niños o adolescentes en la cocina, mirando atentos cada movimiento de nuestras cocineras preferidas.
Precisos y preciosos movimientos , precisos y preciosos momentos.Sabores y olores que nunca se repetiran.
Y bueno, vamos a guardar otra vez las hojas de nuestros recuerdos, hasta que venga un nuevo viento inesperado y los descubra.
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